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Macroeconomía: Difícil equilibrio del nivel de desempleo:
La curva de Phillips:
Debe sus orígenes al economista inglés Arthur W. Phillips, quien en un artículo publicado en 1958, estudió la relación entre el desempleo y la inflación para Gran Bretaña usando datos anuales de 1861 a 1957. La medida de inflación que usó fue la tasa de crecimiento de los salarios nominales. Tras analizar varios subperíodos, concluyó que había una relación negativa entre inflación y desempleo. Es decir existía un tradeoff entre inflación y desempleo. Se podía lograr menor desempleo sacrificando un poco de inflación, y por otro lado, para tener menos inflación había que estar dispuesto a tener más desempleo. Así era posible encontrar la tasa de inflación que llevara a algún nivel de desempleo “deseado”.
De esta manera se pensó que existía un tradeoff permanente entre inflación y desempleo. Uno de los ejercicios más influyentes fue el de los premios nobel Paul Samuelson y Robert Solow (1960), quienes replicaron el estudio de Phillips para los EE.UU. un par de años después y obtuvieron el mismo tipo de relación. Tal vez, debido a la mala experiencia con la gran depresión experimentada 30 años antes, muchos sugerían sacrificar algo de inflación para mantener el desempleo bajo. Samuelson y Solow proponían:
para lograr un objetivo no-perfeccionista de PIB lo suficientemente elevado para tener no más de 3% de desempleo, el nivel de precios debería subir entre 4 y 5% por año. Esa cifra pareciera ser el costo necesario para lograr alto empleo y producción en los años inmediatamente venideros.
La curva de Phillips fue durante muchos años un elemento central en la forma en que se pensó en macroeconomía en los 60. Sin embargo, análisis teóricos, impulsados primero por Milton Friedman y luego por Robert Lucas, así como la experiencia de alta inflación y desempleo de los años 70, llevaron a desechar la curva de Phillips como una relación estable.
Durante los 60 hubo una relación muy estable. Con una inflación moderada se podrían lograr bajas tasas de desempleo. Bajar
la inflación de niveles cercanos al 6% sería barato en términos de desempleo. Lo contrario ocurriría a niveles de inflación bajos. Sin embargo esta relación se quiebra en los años 70 y 80.
En la actualidad, la curva de Phillips en una versión modernizada sigue siendo una pieza fundamental en los modelos macroeconómicos, ya que representa la oferta agregada. Es la relación entre inflación y desempleo, y la oferta agregada es la relación entre inflación y producto,
aunque es sencillo pasar de desempleo a producto.
La ley de Okun plantea que hay una relación negativa entre el nivel de actividad y el desempleo. Para reducir el desempleo habría
que crecer más rápido. Esta relación muestra que debe haber una tasa de crecimiento mínima para que el desempleo no suba. Si el producto no crece, la tasa de desempleo irá aumentando.
Con el tiempo se ha ido estudiando en todos los países la variación del coeficiente de Okun.
Existen distorsiones reales en el mercado del trabajo que hacen que las empresas no contraten y despidan ante cualquier cambio de
demanda. Las empresas tienen trabajadores en exceso que son usados cuando la demanda es alta, pero que están como reserva cuando la demanda es más baja (situación conocida como labor hoarding).
Las empresas han reaccionado manejando sus recursos con mayor grado de eficiencia, reduciendo el labor hoarding a través de aumentos en la flexibilidad laboral y a la adaptación a mayores grados de competencia que existen en la actualidad.
Crítica de Milton Friedman:
La primera crítica a la curva de Phillips tradicional provino de Milton Friedman, quien planteó que existía una tasa natural de desempleo a la cual la economía debería converger, independiente de la tasa de inflación. De forma implícita esta idea recoge el hecho que en el largo plazo el desempleo no debería ser un fenómeno monetario.
De acuerdo a esta lógica, si hay inflación, de salarios en particular, los trabajadores la incorporarían en sus contratos pues ellos estarían interesados en el salario real. La única forma de mantener la tasa de desempleo (producto) debajo (encima) de su nivel natural debería ser aumentando permanente la inflación. De esta forma, una vez que los trabajadores internalizan en el mercado la mayor inflación, hay que aumentarla aún más para que el salario real baje en igual medida. Una vez que incorporan la inflación mayor, hay que tener inflación aún mayor para reducir el desempleo. Por lo tanto, el tradeoff en el largo plazo sólo podría existir si la inflación acelera, eventualmente explotando. Esto se conoce como la hipótesis aceleracionista de Friedman. Friedman fue el primero en enfatizar las expectativas en la formación de salarios y su impacto sobre la curva de Phillips.
Crítica de Robert Lucas:
La crítica más radical y profunda a la forma de ver la macroeconomía de los años 60 provino de Lucas, y otros, que plantearon que la gente debería formar sus expectativas de manera racional (expectativas racionales). Lucas propuso un modelo en el cual existía una curva de Phillips debido a la información imperfecta que reciben los productores sobre los cambios en el nivel de precios versus cambios en sus precios relativos.
En los últimos años se llevaron a cabo muchas investigaciones que intentaban dar una justificación teórica, basada en fundamentos microeconómicos, a la curva de Phillips. Estas bases incluyen el comportamiento optimizador e intertemporal de las empresas. La mayoría de los trabajos se concentran en las rigideces de precios. Dar una convincente base teórica a la curva de Phillips no sólo responde a la necesidad de rigor académico, sino que además provee nuevas ideas sobre cómo se transmiten las rigideces a la economía, además de proveer las bases para el análisis empírico y la interpretación de los resultados.
A esta nueva curva de Phillips se le llama la curva de Phillips neo-Keynesiana, aunque otros también la han llamado la nueva síntesis neoclásica. Esta nueva curva de Phillips es ampliamente aceptada y ha pasado a constituir uno de los bloques fundamentales de los modelos macroeconómicos más teóricos así como los usados en la práctica en los bancos centrales.
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