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Progreso:
[Progress]
El progreso es la realización del reino de los valores por el esfuerzo humano, escribe García Morente. En este sentido, el s.XIX fue muy optimista. Creía que la humanidad marchaba hacia su mejoramiento sucesivo, hasta ocupar el lugar destinado, hasta entonces, a Dios, como propone Comte. En esta marcha hacia la perfección de la humanidad contribuían de un modo eminente los progresos científicos y tecnológicos, considerados por los positivistas como ilimitados, como tendentes de un modo infalible al proyecto de la humanidad y como absolutamente incapacitados para ocasionar ningún mal a la comunidad humana.
Cambios en la confianza en el progreso:
Los adelantos científicos y tecnológicos y el aumento de los medios de producción del s.XIX contribuyeron a un sostenido enriquecimiento de la burguesía capitalista. La generalización del optimismo estaba apoyada en el aumento de la producción y en el principio de que el progreso es difusivo.
En Francia, en los años 1830-1847 creció nueve veces el número de máquinas de vapor utilizadas en la industria. Este auge de la máquina triplica la producción de carbón, hierro y acero, y aumenta doce veces la longitud de las líneas férreas.
El proletariado no sentía la misma fe optimista en el progreso. Las máquinas favorecían una mayor incorporación de las mujeres y de los adolescentes al trabajo productivo. Este cambio de los papeles tradicionales aumentó el paro de los adultos con la obligación de mantener una familia. Las nuevas condiciones eran de mayor explotación del trabajador y contribuían a su empobrecimiento mientras se producía un mayor enriquecimiento de los poseedores de las máquinas. El paisaje va adquiriendo un aspecto menos humanizado y más contaminado.
El determinismo decidido de la ciencia del s.XIX recibe un duro golpe con el principio de indeterminación de Heisenberg.
Se descubre que no es posible prever el comportamiento de los electrones.
Kipling escribe en 1897 sobre este golpe a la euforia en el progreso: mirad toda nuestra pompa de ayer: es como la de Nínive y Tiro
El marxismo niega la argucia del bienestar difusivo, que pretendía la equivalencia del enriquecimiento de unos pocos con el de toda la sociedad en general. Más bien el enriquecimiento de unos pocos equivalía con total exactitud al empobrecimiento del mundo trabajador.
El pesimismo aumenta en el s.XX con la orientación industrial a la fabricación de armas bélicas ideadas para la destrucción del mayor número posible de vidas. Las dos guerras mundiales dejaron una clara y gráfica imagen de los peligros de determinadas direcciones que puede adoptar el desarrollo.
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